voluntariado nicaragua

No le abrí la puerta de mi casa a unos extraños

Entre más uno se abre a las perspectivas de otros, se da cuenta de que hay más semejanzas que nos unen que diferencias que nos separan.

¿Qué fue ser host para mi?

Anteriormente ya había sido host de alrededor de 8 personas de diferentes países, sin embargo esta experiencia fue diferente, no fui host por 1 o 3 dias sino por 6 semanas.

Lena e Ina son dos jóvenes estudiantes de nacionalidad Alemana, con maestría en marketing, que disfrutan viajar y conocer nuevas culturas. Nicaragua fue su primer país como voluntarias de AIESEC, así como también, fue mi primera vez como host family. Ambas compraron su boleto antes de ser aceptadas en su proyecto, así que su visita a Nicaragua era algo seguro.

Al principio todo es diferente, tenés que acostumbrarte a hábitos y formas de pensar distintos a las que ya estás acostumbrado; pero al mismo tiempo, uno presenta sus prácticas y tradiciones locales; se convierte en el reflejo de lo que tu país significa para personas extranjeras.

aiesec voluntariado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Siempre he creído que es a través de las personas cómo se llega a conocer el mundo, mediante sus historias, experiencias y creencias que te conectan con una visión más global de las cosas, y es que entre más uno se abre a las perspectivas de otros se da cuenta de que son más las semejanzas que nos unen que  las diferencias que nos separan; y que cada persona que conocemos tiene algo que enseñarnos. Para mi, eso es lo más enriquecedor al compartir con los demás.

Ser host no es solo abrir las puertas de tu casa a “extraños” o “voluntarios”, sino también interactuar y aprender de personas con antecedentes distintos y compartir experiencias que te conectan con el mundo de una formas más amigable y entendible. Para mi, fue también crear lazos no solo de amistad sino de familia; ambas, Lena e Ina, se convirtieron parte de nuestra familia, tanto así que incluso cuando se fueron no sólo quedó un espacio para ellas en nuestra mesa de la casa sino también en nuestros corazones.

Uno al inicio piensa que seis semanas es mucho tiempo para hospedar a alguien, pero honestamente, el tiempo vuela y cuando realmente creas lazos con las personas que recibís, seis semanas no son nada. Así como cuando llega su momento de partida solo queda el sentimiento de volver a vivir todo otra vez y compartir nuevos momentos con las mismas personas que una vez consideraste extraños y que ahora forman parte de tu historia y que no importan que tan lejos estén, siempre habrá algo que te recuerda a ellas.

El mundo es una aldea pequeña, compartí lo que tenés con los demás y será una de las experiencias más enriquecedoras de tu vida. La vida es mejor cuando se comparte, cuando haces nuevos amigos, cuando creas conexiones que trascienden el tiempo, las fronteras y el idioma, cuando conoces el mundo a través de los demás.

 

 

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